Esta foto es un homenaje. No a los ajos que asoman por el recipiente de plástico -al que también les podría hacer uno- sino al recipiente en sí.
Este cacharrito de plástico que normalmente lo despreciaría al verlo en una tienda de chinos., ésas donde este material que viene del petróleo es tan abundante y el buen gusto tan escaso. Y todo esto porque esta cosa, a la que en casa ni siquiera nos referimos con un término, porque no hace falta, tiene algo especial. Y esa cualidad extraordinaria tiene que ver con el tiempo.
Porque ahí donde lo véis, esta cosa ha estado en casa, con nosotros desde que yo tengo memoria, o sea, sobre los años 80, habiendo sobrevivido mi niñez, adolescencia y juventud, la caída del muro de Berlin, y el 11-S.
En fin, que cuando miro atrás quedan muy pocas cosas en mi casa, que puedan servir de hilo conductor para recorrer como un equlibrista los recuerdos que nos unen con nuestro principio.
Después de hacer la foto, he sacado un ajo para frotar elpan con aceite y luego lo he vuelto a poner donde ha estado durante todo este tiempo, deseando que dure por los siglos de los siglos.
Acabo de leer algo que me ha llegado dentro. No sólo porque es alguien que regresa a la Península desde el otro lado del Atlántico, sino por cómo refleja lo que pasa por dentro, el hacerse consciente de cómo nos ha cambiado la estancia en otro lugar, donde hemos recibido grandes impactos y pequeñas gotas de lluvia fina. Al final nos damos cuenta de que no somos cómo fuimos, que regresamos siendo otros.
Nada es permanente, nada queda, los recuerdos cambian al ser recordados, el día se convierte en noche, el invierno en primavera, la vida en muerte… nada queda quieto, nunca. Y un viaje acelera los cambios.
De Ezeiza a Barajas. Del tango al chotis. Del colectivo al búho. Del Subte al Metro. De Corrientes a la Gran Vía. De los helados de Freddo al chocolate de San Ginés. De la Casa Rosada a la Moncloa. De la Plaza de Mayo a la Puerta del Sol. De los lagos de Palermo al lago del Retiro. De la calle Callao a la Plaza de Callao. Del verano porteño con los niños bañándose en las fuentes al invierno madrileño con los ociosos fotografiando a la Cibeles nevada. De San Telmo a la Latina. De la Quilmes a la Mahou y de las empanadas a las croquetas. De una vida improvisada a los horarios de clase. De los pesos a los euros. Del pequeño Telmico a la Lía, que parece un tigre. De C5N a Telecinco y de León Giecco a Quique González. De la cancha de River al Bernabéu, de la Bombonera al Calderón y, como dice Sabina, de González Catán a Tirso de Molina. De boludo a gilipollas, de no coger nada a cogerlo todo.
En poco más de un mes que llevo aquí aterrizada he pasado de añorar Madrid a añorar Buenos Aires. Me he sentido re-contra feliz y amargamente triste en el mismo día sin poder controlarlo. Soñe durante muchos días después de llegar acá que estaba allá, igual que cuando dormía allá soñaba tantas veces con volver acá. Me he reeducado en la civilización y en la vida “normal” (aunque no estoy muy segura de querer) y he recuperado a esa parte de mí que dejé con todos vosotros. Lo bueno es que no he perdido la que me encontré en Argentina. Así que -siento el retraso, no me atrevía a enfrentarme a esto desde el otro lado del charco-, vuelve un escribiendoenplata nuevo que a la vez es el antiguo. Ahora, en vez de hablar de Buenos Aires, procuraré contaros cosillas que pasen por Madrid o por donde vaya viajando (si es que la crisis me lo permite). Ahora que veo este ciudad con ojos de turista, ahora que Buenos Aires me ha enseñado a andar fijándome en las cornisas de los edificios y buscando en cada rincón unba obra de arte, estoy descubriendo nuevos-viejos lugares de Madrid. No necesitaba irme hasta allá para darme cuenta de que adoro Madrid pero, por lo visto, sí necesitaba a Buenos Aires para darme cuenta de que lo de acá es mucho más de lo que yo pensaba.
Yo que soy una persona e inquieta, una de las cosas que he hecho durante mi viaje por Argentina, ha sido visitar universidades. Además de alguna película tenía la imagen formidable de la facultad de derecho (abajo). Ahí me encontré con este cartel anunciando un taller de oratoria (arriba). Por fin descubrí el secreto de la labia argentina con la que los pibes nos levantan a las mujeres en España. Deberíamos organizar algo así, pero seguro que todos los profesores serían argentinos… para aprender de los mejores.
Facultad de derecho de Bs As
Otro topicazo que confirmé y reconfirmé, fue el del psicólogo argentino. Parece que casi no hay persona en Argentina y menos en Buenos Aires que no haya pasado por el diván para psicoanalizarse… Y parece que cada vez que alguien no sabe que hacer con su vida, va al psicólogo. Creo que en mi caso, ya tendría unos cuantos cientos de horas acumuladas, que en realidad nunca sentí que me faltaran… hasta que me puse a hablar con esta gente del sur… ¡pues tienes que ir che! Y no sé, no sé, pero… millones de pibes no pueden estar equivocados… ¿o si?
Volviendo a la facultad. Como yo tengo el pequeño trauma de no haber podido vivir el ambiente universitario en toda su dimensión, bueno creo que sería una dimensión hiper precaria. En fin que no siento que haya pasado por la universidad, así que estos sitios me atraen mucho, por el ambientillo juvenil e intelectual que se supone que debería haber.
En este caso, en la facultad de ingeniería de Buenos Aires (que es calcada a la de derecho, así se ahorraron un proyecto), vi que las elecciones movilizaban a los alumnos, que ponían sus ideas e ideologías a competir entre ellos. En Zaragoza la participación electoral no llega al 5% (sic) del alumnado, y el poder de los estudiantes está muy mermado. Quizá haya menos por lo que luchar a este lado.
De todas formas no todo está tan mal: a veces cuando los de arriba hacen alguna burrada demasiado obvia (LOE, etc.) una pequeña minoría radicalizada consigue movilizar a cientos de miles de estudiantes y las calles de España se llenan de pancartas, aunque sin llegar al nivel de Francia, donde le tienen bien tomado el gustillo a manifestarse… herencias de la Revolución.
Argentino con agujeritos en el corazón
En Argentina, en cambio, aunque hay mucha vida política en la universidad, como corresponde al continente con los movimientos sociales más potentes del planeta. Espero que los jóvenes no asimilen rápidamente las formas de actuar de los denostadísimos políticos argentinos y repitan los patrones de ellos: clientelismo, falta de respeto al oponente, que tiende a ser enemigo… esas cosas. Y no es que España les llevemos mucha ventaja, sólo 4 años más de democracia.
Aunque quizá sea por el influjo de la civilización europea, que algo se nos ha pegado de tanto compararnos con Francia, Reino Unido y Alemania. ¿Con quién se compara Argentina? ¿ Será Argentina incomparable? En realidad la mayoría de los problemas argentinos, son comunes a los de sus vecinos latinoamericanos…
Cartel revolucionario que uno se encontraría en la conservadora Pamplona
Ese divorcio total entre la clase política y la ciudadanía no puede ser sano… los políticos honestos, que alguno habrá, ven que no tienen ningún crédito social… De todas formas los políticos no vienen de otro planeta sino que salen de la sociedad…
Menos mal que siempre quedarán los ídolos absolutos de la sociedad Argentina: Diego Maradona y Carlos Gardel, que ahí están para reconfortar el orgullo nacional.
Aún no he llegado a casa, estoy en la casa de mis tíos en Madrid. Ayer, aparte de recuperarme de 3 noches seguidas sin dormir en cama ó sofá (una en bus y dos en avión), quedé con mi amigo Pollo a ‘echar unas cañas como se suele decir en Madrid.
Qué rasca hacía en Madrid. Cuando volé a Buenos Aires hace seis semanas, la temperatura era indéntica, pero sin embargo al volver, ya se habían cambiado las tornas. En vuelo de vuelta fue dejar una linda primavera para encontrarme con un invierno puro y duro.
Un sabor agridulce me queda del viaje, aquí mi acento pierdo todo su exotismo. Haber vuelto es saber que queda mucho hasta poder volver a ir… pero se ha visto algo endulzado por la bienvenida que me ha dado la capital española. Además me olvidé de comprar yerba de mate en Argentina, pero igual en Madrid voy a encontrar todas las marcas
Primero fuimos a una especie de concierto-mercadillo de la discográfica Subterfuge, donde Pollo, que es un fanático de los discos, se compró unos cuantos. A mí me regaló “Melodías de Rayos-X” de Mastretta. Aquí os dejo el vídeo de Youtube… según Pollo lo habían mencionado como “el mejor disco de música electrónica español” en no sé cuánto tiempo.
La gente en Madrid parece estar de buen humor por alguna extraña razón. La gente se vuelve cuando por la calle le preguntas una dirección, a diferencia de cualquier ciudad grande argentina. ¿Será porque están hartos de que les pidan una moneda?
Madrid es para mí la ciudad más abierta que conozco, donde casi todo el mundo viene de fuera y pero nadie se siente de fuera.
Nos llegamos al Automático. Un bar donde ponen muy buenas tapas con la caña (Una caña es un vasito de cerveza con 0,2l que se sirve acompañada de una tapa). Como es un sitio bueno bonito y barato petado de madrileños y foráneos. Casi no se podía pasar y los que estaban más cerca de la barra tenían que pasarte la cerveza y la tapa…
Después de tomar unas cañas más tranquilas, nos fuimos a otro bar, cuyo nombre guardo en algún oscuro lugar de mi memoria, donde no me es posible penetrar en este momento. Pero sí recuerdo con claridad que estábamos en el popular/alternativo barrio de Lavapiés. Allí conocimos a una chica que andaba sola y luego nos movimos de bar. Luego ya éramos cuatro, pues claro, la chica era del barrio y saludaba a todo el mundo…
Al final nos juntamos con un chaval que también había viajado por el Norte de Argentina y estuvimos comentando los pueblos… Humahuaca, Iruya… No fuiste a San Pedro desde Iruya? A nosotros nos costó 16 horas a pie… Y es que ése es un pueblo realmente aislado donde apenas hay luz eléctrica y no estoy seguro de que tengan agua corriente… También resultó ser un comunista de familia roja roja. Pero luego de visitar Cuba siete meses se dijo: Si esto es el comunismo, yo no soy comunista… Algo parecido le pasó a Verónica, una argentina, que andaba por Bolivia con la que también compartí unas cervezas potosinas, pero éstas eran de litro.
La chica en cambio, era hija del presidente de la asociación española de naturismo y la conversación rondó sobre la relación padre-hijo, como fue la de cada cuál y cómo enseñaríamos a nuestros hijos la sexualidad…
Madrid está bonito. Los árboles de navidad encajan bien en el frío. La gente está animada por la llegada de las vacaciones y cenas de empresa. Hay bueno rollo en las calles y sobre todo en los bares…
Mirando el mapa del metro de Madrid, me doy cuenta de que igual que España sin América no sería lo que es, España no sería lo que es sin América: las estaciones República Argentina, Colón, Callao, Rubén Darío, Santo Domingo… Avenida de América pueblan el enredo de líneas de colores, que nos pueden transportar desde “Prosperidad” hasta “Sol” pero hay que pasar por “Esperanza”, estación popularizada por Manu Chao en su famosa “Próxima estación, Esperanza”.
No tenía pensado pasar por Bolivia, como no tenía pensado pasar por Paraguay.
Pero cuando te dicen cosas como “Ve a Bolivia, donde está la magia” o “Tenés que ir al menos a Potosí, las minas te sorprenderán”, no puedes dejar de sentir la atracción de desviarte de un plan que tampoco fue nunca muy sólido.
Me sorprendió el frío polar de Uyuni, pueblo que da nombre al un vasto salar, un mar de sal. El sórdido ambiente de su bar-pub, a donde fui con Amarello, un brasileño siempre risueño.
En Potosí, me pareció estar en un pueblo castellano. Podría ser también Tarazona, cerca de Zaragoza. Las calles no son una simple cuadrícula como la mayoría de las ciudades latinoamericanas, si no que su antiguo trazado urbano insinúa un cierto caos; el racionalismo francés no se había hecho hueco en la España del siglo XVI. Pero sí lo encontraremos en las calles numeradas e incluso en las regiones numeradas en Chile, Región I, Región IV, etc. Qué horror!
A pesar de que fue en Sucre donde me afanaron mi objeto más preciado. Mi cámara nueva, guardo buen recuerdo de la ciudad, mucho más moderna y dinámica que Potosí.
Los de Sucre dicen que la única capital bolivinia es Sucre y sospecho que los paceños dirán exactamente lo mismo de la Paz.
“El tío”, al que se ofrenda con todo tipo de cosas, para que las techos se mantengan, las pepitas sigan apareciendo y los precios de los minerales suban…
En Bolivia, su aislamiento le ha permitido preservar más intacta la cultura indígena. El aymará, el guaraní y sobre todo el quechua, se hablan a diario entre los bolivianos. A veces la lengua indígena tiene un rol más secundario en la vida pública pero según me dijeron algunos quechuahablantes, emplean esta lengua para nos ser entendidos y para hacer las confidencias más íntimas, más personales.
Bolivia está llena de inconvenientes logísticos, cosas que no funcionan o lo hacen de forma surrealista pero también de sorpresas, colores, olores y la hospitalidad y calor de sus habitantes, que viviendo en uno de los países más pobres del mundo son ricos de muchas maneras.
Con esta paradoja estoy conviviendo mientras escribo. Gracias a una chica alemana que conocí por el camino y un complicado sistema de pago por internet (paypal) voy a poder sacar algo de dinero para ir tirando: la cosa es q mi tarjeta de crédito decidió cambiar de aires (ya no le gustaba mi cartera).
En los últimos días he estado recorriendo la región de Salta y Jujuy, que ocupan el llamado “Norte argentino”. Es una región con una tremenda diversidad natural y cultural, que para sí querrían la mayoría de los países… pues en ella podemos encontrar la árida Puna, las húmedas y verdes Yungas.
La puna.
Las Yungas
Pero es que además podemos encontrar salinas, desiertos de sal que quedaron de lo que un día fueron mares… idea inquietante, teniendo en cuenta que hoy se encuentran a 3 km sobre el nivel del mar.
Salinas Grandes
El famoso tren a las nubes para por acá y llega a los 4.000 sobre el nivel del mar. Como costaba 160 dólares, hice la excursión en coche, mucho más barato sobre el mismo recorrido.
Aunque Argentina no es percibida como tierra de indios en el norte hay muchos pueblos indígenas, que conservan buena parte de su cultura. Tobas, wichíes y guaraníes ocupan las regiones más norteñas del país austral. En San Antonio de los Cobres por ejemplo, que es un pueblito en plena Puna, no se ve a una sola persona con rasgos europeos…
Por esta parta del viaje he encontrado buenos compañeros de viaje que hacen el camino más ameno sin quitar la posibilidad de conocer a locales u otra gente. Dos chicas de alemania y un brasileño, me acompañan estos días hasta donde me encuentro ahora, Potosí.
No tengo más tiempo para escribir ahora, pero prometo hacerlo prontito.
En Asunción, el parlamento uno de los pocos edificios modernos que hay está a escasos metros de la chacarita, un barrial marginal, donde la pobreza es muy explícita. Los diputados no tienen que leer densos informes sobre la situación económica del país para poder darse de cuenta de la más cruda realidad social.
Por la Chacarita se aventuró Agnes, una letona que he conocido por aquí, que deambula por Latinoamérica desde hace dos años y medio. “Con unos pocos guaraníes* y sin cadenitas, ni bolso ni nada, no hay problema”. Cuando se le anocheció y no pude deshacer el camino laberíntico de las chabolas, fueron los lugareños quienes la ayudaron a encontrar la salida. Ella vive desde hace tres semanas con una familia paraguaya, en cuya casa se ha instalado sin remilgos.
Los Argentinos tienen a Paraguay como un lugar desprovisto de atractivos, más allá de poder cruzar la frontera para comprar barato. El tereré, variación del mate en frío. en cambio es más permeable y hace buena la tesis de que los vecinos son tan parecidos como mal avenidos. La historia decidió las líneas fronterizas sin preguntar a sus habitantes, que sin embargo las asimilaron y ahora viven con ellas y se sienten apegados a los trapos de colores que la casualidad les asignó.
Sin embargo desde el espacio no se distingues las fronteras, que sólo habitan en consciente colectivo de los humanos, que són sólo una de las especies que habitan el planeta.
Pero para cada regla hay una excepción: Cristian, un couchsurfer argentino que me aloja, eligió Asunción como lugar para vivir, pues gana “buena plata” y goza de una posición profesional que le costaría mucho conseguir en su propio país. “Paraguay valora mucho lo extranjero, especialmente lo brasileño y argentino”.
A mí caminando Asunción no me da la sensación de estar haciéndolo por una capital, parece como si los asuncenos hubiera abandonado el centro de su ciudad para recluirse en los barrios y salir sólo a los bonitos alrededores de Asunción.
La tierra de Paraguay es de color muy rojo, como en Monteagudo, Soria, el pueblo de mis abuelos paternos, de donde también son los padres de mi amigo Gabi de Barcelona, que tuvo una novia un vez de la isla francesa de Rèunion, en el Océano Índico, donde trabajó un cocinero vasco que conocí en Riad, Arabia Saudí, que según contaba ganaba 10.000 dólares al mes, que luego se gastaba en los burdeles más lujosos de Dubai, donde tenía el capricho de pedirse una rusa, una árabe, una china y una tailandesa. Justo en Tailandia es donde está el hermano de Pablo ganándose la vida tocando para una banda, un argentino al que alojé en Zaragoza y justo me dejó la casa de su hermano en el barrio de Palermo.
En Buenos Aires fue donde conocí a Juan, el viajero temerario, que conoce a Hernán Zapp y a su mujer, una pareja argentina que llegó a Alaska, hijo por medio, en un coche de los años 20, que casualmente conocí en California, donde trabajaba limpiando platos hace un par de veranos. Allí conocí a Jean Phillipe, mi compañero que es de Lyon, de donde también es Fanny, una chica francesa que conocí en Alemania y a la que invité al Festival que estaba organizando en Greifswald, donde también vino la amiga de mi ex, Anne, que se llama Dominique.
Dominique conoció en Cracovia a un profesor de ruso que era de Edimburgo, Escocia, a donde precisamente quiere ir a estudiar mi amiga saudí Ashwaq, cuando tenga la oportunidad. Ella está enamorada por internet de un rumano, que me dio alojamiento en Bucarest, donde hace unos años estuve en un congreso de estudiantes. Fue en ese congreso cuando presenté a Martí y a Carla. Se hicieron novios. Tuvieron una relación a distancia. Ella en Alemania y él en Barcelona. Cuando se separaron ya estaban al revés, él en Alemania y ella en Barcelona, aunque en realidad ella es de Zaragoza, mi ciudad.
La historia fue ayer: al ir a tomar un bus para Paraguay, quise ver antes la Triple Frontera, el lugar donde confluyen las fronteras de Argentina, Paraguay y Brasil, marcadas por el río Paraná e Iguazú. Le pregunté a un chico que venía en una motito. Al principio pensé que ni se detenía cuando en realidad daba la vuelta. Me explicó donde estaba. “está lejos para ir a pie?” “Sí, pero yo te llevo” así que ahí me llevó este chico, que se llama Damiám en su moto. Hacía como 7 años que no subía en una moto. Uf, menos mal que no tengo una, porque la sensación de velocidad es muuuy tentadora.
Cuando llegamos, que era al atardecer, había un montón parejitas locales y guiris, y él me explicó qué lado correspondía a qué país. Allá Brasil, Allá Argentina. Me contó que acababa de salir del trabajo; cocinaba para un restaurante. Me contó que quería ir a México y pronto averigüé que tenía que ver con una mexicana que había conocido aquí, en Puerto Iguazú. También me explicó cómo pasar al Paraguay por balsa en lugar de por bus, aunque aún no lo tengo claro. Total, ayer se hizo tarde para el bus… A la vuelta, me trajo en su moto otra vez, pero vi que al ver al policía que regulaba un cruce se inquietó y de prontó me di cuenta de que no llevábamos casco….
El policía le ordenó apagar el motor, a lo que él se resistió con justificaciones seguramente poco justificadas… Lo apagó, y cuando el policía se distrajo un poco (aún dirigía el tráfico) metió todo el gas y desapareció. El policía me miró y yo en el acento más español que pude, le pregunté amablemente “Y yo, ¿puedo irme?” Con un fugitivo vale. “Sí, ¡pero a ese le voy a hacer pagar la multa de los dos y le voy meter preso!”.
Aquí está Damián, en la tripe frontera, frente al monolito argentino.