En Asunción, el parlamento uno de los pocos edificios modernos que hay está a escasos metros de la chacarita, un barrial marginal, donde la pobreza es muy explícita. Los diputados no tienen que leer densos informes sobre la situación económica del país para poder darse de cuenta de la más cruda realidad social.
Por la Chacarita se aventuró Agnes, una letona que he conocido por aquí, que deambula por Latinoamérica desde hace dos años y medio. “Con unos pocos guaraníes* y sin cadenitas, ni bolso ni nada, no hay problema”. Cuando se le anocheció y no pude deshacer el camino laberíntico de las chabolas, fueron los lugareños quienes la ayudaron a encontrar la salida. Ella vive desde hace tres semanas con una familia paraguaya, en cuya casa se ha instalado sin remilgos.
Los Argentinos tienen a Paraguay como un lugar desprovisto de atractivos, más allá de poder cruzar la frontera para comprar barato. El tereré, variación del mate en frío. en cambio es más permeable y hace buena la tesis de que los vecinos son tan parecidos como mal avenidos. La historia decidió las líneas fronterizas sin preguntar a sus habitantes, que sin embargo las asimilaron y ahora viven con ellas y se sienten apegados a los trapos de colores que la casualidad les asignó.
Sin embargo desde el espacio no se distingues las fronteras, que sólo habitan en consciente colectivo de los humanos, que són sólo una de las especies que habitan el planeta.
Pero para cada regla hay una excepción: Cristian, un couchsurfer argentino que me aloja, eligió Asunción como lugar para vivir, pues gana “buena plata” y goza de una posición profesional que le costaría mucho conseguir en su propio país. “Paraguay valora mucho lo extranjero, especialmente lo brasileño y argentino”.
A mí caminando Asunción no me da la sensación de estar haciéndolo por una capital, parece como si los asuncenos hubiera abandonado el centro de su ciudad para recluirse en los barrios y salir sólo a los bonitos alrededores de Asunción.

Asunción de noche