De allá para acá. Cruzar el charco… emocionalmente.

Acabo de leer algo que me ha llegado dentro.  No sólo porque es alguien que regresa a la Península desde el otro lado del Atlántico, sino por cómo refleja lo que pasa por dentro, el hacerse consciente de cómo nos ha cambiado la estancia en otro lugar, donde hemos recibido grandes impactos y pequeñas gotas de lluvia fina. Al final nos damos cuenta de que no somos cómo fuimos, que regresamos siendo otros. 

Nada es permanente, nada queda, los recuerdos cambian al ser recordados, el día se convierte en noche, el invierno en primavera, la vida en muerte… nada queda quieto, nunca. Y un viaje acelera los cambios.

 

De allá p’acá

by sun


De Ezeiza a Barajas. Del tango al chotis. Del colectivo al búho. Del Subte al Metro. De Corrientes a la Gran Vía. De los helados de Freddo al chocolate de San Ginés. De la Casa Rosada a la Moncloa. De la Plaza de Mayo a la Puerta del Sol. De los lagos de Palermo al lago del Retiro. De la calle Callao a la Plaza de Callao. Del verano porteño con los niños bañándose en las fuentes al invierno madrileño con los ociosos fotografiando a la Cibeles nevada. De San Telmo a la Latina. De la Quilmes a la Mahou y de las empanadas a las croquetas. De una vida improvisada a los horarios de clase. De los pesos a los euros. Del pequeño Telmico a la Lía, que parece un tigre. De C5N a Telecinco y de León Giecco a Quique González. De la cancha de River al Bernabéu, de la Bombonera al Calderón y, como dice Sabina, de González Catán a Tirso de Molina. De boludo a gilipollas, de no coger nada a cogerlo todo.

En poco más de un mes que llevo aquí aterrizada he pasado de añorar Madrid a añorar Buenos Aires. Me he sentido re-contra feliz y amargamente triste en el mismo día sin poder controlarlo. Soñe durante muchos días después de llegar acá que estaba allá, igual que cuando dormía allá soñaba tantas veces con volver acá. Me he reeducado en la civilización y en la vida “normal” (aunque no estoy muy segura de querer) y he recuperado a esa parte de mí que dejé con todos vosotros. Lo bueno es que no he perdido la que me encontré en Argentina. Así que -siento el retraso, no me atrevía a enfrentarme a esto desde el otro lado del charco-, vuelve un escribiendoenplata nuevo que a la vez es el antiguo. Ahora, en vez de hablar de Buenos Aires, procuraré contaros cosillas que pasen por Madrid o por donde vaya viajando (si es que la crisis me lo permite). Ahora que veo este ciudad con ojos de turista, ahora que Buenos Aires me ha enseñado a andar fijándome en las cornisas de los edificios y buscando en cada rincón unba obra de arte, estoy descubriendo nuevos-viejos lugares de Madrid. No necesitaba irme hasta allá para darme cuenta de que adoro Madrid pero, por lo visto, sí necesitaba a Buenos Aires para darme cuenta de que lo de acá es mucho más de lo que yo pensaba.

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Una respuesta

  1. Por eso mismo me pasé los dos años que pasé en España tras volver de Islandia escribiendo sobre Islandia, porque estaba en parte más allí que aquí (y por no dar el coñazo en persona) Pero me di cuenta que lo que necesitaba era volver a marchar aunque nunca se sabe si podré volver a vivir en Islandia.

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