
Esta foto es un homenaje. No a los ajos que asoman por el recipiente de plástico -al que también les podría hacer uno- sino al recipiente en sí.
Este cacharrito de plástico que normalmente lo despreciaría al verlo en una tienda de chinos., ésas donde este material que viene del petróleo es tan abundante y el buen gusto tan escaso. Y todo esto porque esta cosa, a la que en casa ni siquiera nos referimos con un término, porque no hace falta, tiene algo especial. Y esa cualidad extraordinaria tiene que ver con el tiempo.
Porque ahí donde lo véis, esta cosa ha estado en casa, con nosotros desde que yo tengo memoria, o sea, sobre los años 80, habiendo sobrevivido mi niñez, adolescencia y juventud, la caída del muro de Berlin, y el 11-S.
En fin, que cuando miro atrás quedan muy pocas cosas en mi casa, que puedan servir de hilo conductor para recorrer como un equlibrista los recuerdos que nos unen con nuestro principio.
Después de hacer la foto, he sacado un ajo para frotar elpan con aceite y luego lo he vuelto a poner donde ha estado durante todo este tiempo, deseando que dure por los siglos de los siglos.
Amén.